
Ayer mientras merodeaba en el librero del hotel donde trabajo me encontré una revista con el título "ellas viajan solas". Por razones mas que obvias llamó mi atención así que comencé a leer. En la vida tengo varias aficiones, una de ellas es descubrir palabras nuevas y otra caminar sin rumbo. Este artículo dio justo en el clavo. Resulta que existe una palabra en francés que es difícil de traducir al español ya que engloba un significado bastante amplio pero que podría traducirse en algo así como alguien a quien le gusta callejear sin rumbo, sin objetivo, vagabundear y observar, pasando desapercibido entre la multitud, un "flaneur". Lo interesante de esto es que el termino solo representaba a los hombre y contadísimas veces este término es utilizado en su femenino que sería "flaneuse". ¿Por que? En primera por que las mujeres al deambular por la calle rara vez pasan desapercibidas. Un hombre puede caminar por horas sin que nadie se acerque ni le dirija una mirada o palabra en cambio para una mujer esto es prácticamente imposible. Por otro lado las mujeres siempre han sido advertidas de los peligros de andar por las calles y hasta han sido privadas del derecho básico de transitar los espacios públicos solas y por el puro placer de hacerlo. Sin ir tan lejos, recuerdo más de una historia de amigas que me platicaban como es que sus madres no podían salir a ningún lado sin la compañía de sus padres.
Desde niña he disfrutado de una manera inexplicable caminar sola y observar todo lo que transcurre delante de mis ojos. Cuando cursaba la secundaria a veces tenía horas libres, entonces me dirigía hasta la avenida más cercana y ya sea que caminara o que me sentará en alguna banqueta, me fascinaba observar los autos y la gente pasar. Ponía atención en las conversaciones fortuitas y expresiones no verbales, en los rayones de las paredes, los animales, los trabajadores. Siendo grande caminaba sin rumbo por la marina de la ciudad donde vivo hasta el punto en que durante un viaje que realicé una persona desconocida le comentó a mi hermana que siempre me veía pasar por ahí caminando y le extrañaba mi ausencia. También recuerdo una ocasión en que me encontré a mi sobrino mientras hacía una de esas caminatas sin rumbo y preocupado fue a preguntarme si estaba bien ya que le extrañaba verme caminando sola por el centro de la ciudad. Ahora mis perímetros se han ampliado y camino por las calles de América extasiada por que mas que nunca tengo tanto para descubrir cada vez que llego a un nuevo país, una cultura desconocida. Durante toda la vida me he sentido como un bicho raro por el simple hecho de disfrutar de merodear por las calles sin un fin específico más que el de observar pero ahora se que no soy la única, que hay otras personas que comparten este placer. En definitiva soy una "flaneur".
Menciona la escritora "merodear sin rumbo te hace ir mas lento, te sintoniza con el lugar como ninguna otra cosa. Despierta la inspiración y genera pensamientos que de no haber estado caminando afuera, no habría tenido"... Leo esto y no puedo mas que sentirme plenamente identificada con cada palabra. Cuando camino, sea por un bosque o ciudad me pierdo en mil pensamientos y recuerdos que normalmente me llevan a estados de reflexión y comprensión a los que no podría haber accedido absorta en la rutina del diario vivir.
Además menciona la autora "es una especie de subversión maravillosa de esta idea capitalista de que necesitamos ser productivos cada hora del día". He perdido la cuenta de las muchas veces que me he encontrado con un sentimiento de culpa por estar viajando tanto tiempo, por no estar produciendo o creciendo laboralmente, pero evidentemente estas ideas vienen de las múltiples veces en que alguien se a acercado a decirme que estoy malgastando los mejores años de mi vida sin "forjar un futuro", sin crecer profesionalmente, sin ahorrar para comprar una casa, un auto. ¿Pero es que somos robots como para anhelar todos siempre las mismas cosas? Por eso transitar el mundo, merodear las calles, observar y vagabundear por el mundo es una forma de rebelión por medio de la cual podemos enseñarle a las futuras generaciones que hay más de una manera de vivir.
Recuerdo a mi padre contándome historias de sus viajes cuando era niña. Nunca cruzó por mi mente pensar en que yo por ser mujer podía estar privada de este privilegio por que jamás se me dijo. Cuando a mis 16 o 17 años les mencioné a mis padres que había juntado algo de dinero y quería hacer sola un viaje de 26 horas en bus para visitar a mi hermana y amigos que había dejado en otras ciudades donde viví, en ningún momento trataron de convencerme de lo contrario. Me llevaron a la terminal de autobuses y partí sabiendo que tenia todo su apoyo y esto es algo de lo que antes no era consciente hasta ahora que conozco a muchas mujeres viajeras a quienes sus familias tratan de persuadir de no hacerlo, a quienes mencionan una y otra vez lo peligrosas que son las calles, el mundo. Los peligros son reales, sin embargo no podemos pasar un siglo más encerradas en nuestras casas o pueblos temiendo, reduciendo nuestro mundo a 4 paredes o a unos cuantos kilómetros de distancia "seguros" . Es nuestro deber apropiarnos de los espacios públicos y si no podemos pasar desapercibidas entonces hagamos que nuestra presencia deje una huella imborrable.